Las sospechas de pederastia sobre Cohn-Bendit agitan el debate sobre las ideas del 68. LA VANGUARDIA, 24/2/2001

Corresponsal

PARÍS

La reaparición de unos vidriosos textos escritos en 1975 por el hoy erudiputado Daniel Cohn-Bendit ha dado un cariz inusitado a la polémica abierta en Alemania, en la persona de Joschka Fischer, sobre las ideas y líderes de mayo del 68.

En el caso del ministro alemán, la controversia se ciñe a su pasado político, pero la polémica en torno al libro escrito por su amigo y correligionario “Dany el Rojo” (“El gran bazar”), a partir de su experiencia como joven educador en una guardería en “alternativa” en Francfort, ha abierto una torrencial vía de agua en un dominio sensible todavía al margen de la autocrítica: la revolución sexual. La coincidencia de ambos en el corazón de la tormenta no es casual: las revelaciones proceden de Bettina Rohel, hija de la célebre terrorista alemana Ulrike Meinhof, decidida a pasar viejas cuentas a los líderes sesentayochistas. Tras “The Observer”, “The Independent”, “La Reppublica” y el “Bild”, esta semana “L’Express” ha vuelto a la carga.

“A veces sucedía que algunos niños abrían mi bragueta y comenzaban a acariciarme (…), su deseo me ponía en un problema (…). si insistían les acariciaba. (…) Mi ‘flirt’ permanente con los niños tomaba enseguida formas de erotismo (…). Las pequeñas de 5 años ya habían aprendido como ligarme. Es increible.” Estas perturbadoras frases, que el propio Cohn-Bendit tilda hoy de una “ligereza insostenible”, aunque rechazando toda acusación de pederastia, han levantado una ruidosa polémica con vocación de sentar en el diván el capítulo mítico de la revolución sexual de los sesenta.

“Este periodo no inventó evidentemente la pederastia, pero el discurso sobre la liberación sexual de los niños ha servido desgraciadamente para legitimar prácticas a veces criminales. Incluso en el ‘Libération’.” El propio Serge July se expresaba ayer así en las páginas de su propio diario, emblema y referente obligado de aquella época. “Libe” dedicaba una amplia cobertura a la forma en que a finales de los setenta y principios de los ochenta participaba de un “vértigo común”.

En 1977, actuales ministros como Jack Lang y Bernard Koucher, amén de figuras como Sartre, Barthes, Glucksman y otros muchos, firmaban un manifiesto a favor de tres acusados de atentar contra el pudor de los niños de 12 a 13 años. “A fuerza de derribar las viejas referencias, acabamos por perderlas todas”, dice hoy el ex líder maoísta y actual arquitecto Roland Castro.

Author: ADECAF