La memoria de los otros. El Periódico, 06/09/2008

El ‘conseller’ Saura homenajea en Cervera a 20 monjes claretianos y 12 carmelitas fusilados en la guerra civil

Su tragedia se ha incorporado al Memorial Democràtic

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / JOSE RICO
CERVERA / BARCELONA

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / JOSE RICO
CERVERA / BARCELONA

Atardecer del 23 de julio de 1936. Aún no se ha cumplido la primera semana del estallido de la guerra civil. A la entrada del municipio de Cervera (Segarra), en una zona conocida como el Clot dels Àubens, se escuchan 12 gritos casi a la vez: “¡Viva Cristo Rey!”. Descargas de fusiles cortan en seco los alaridos antes de que 12 cuerpos se desplomen irremediablemente. Pocos minutos después, el fuego termina consumiendo la ignominia.

Tras morir fusilados y quemados por un grupo de descontrolados, que se tomaron la ley por su mano sin atender a más razón que las creencias religiosas de sus víctimas, 12 monjes carmelitas de Tàrrega (Urgell) y 20 frailes claretianos de Cervera han recuperado por fin su justo lugar en la memoria histórica. Los lugares donde yacen sus restos forman parte desde ayer de un itinerario sobre los Espacios de la Retaguardia, una ruta que recorre distintos puntos de la Segarra, auspiciada por el Memorial Democràtic de la Generalitat.

“La persecución contra los religiosos fue especialmente virulenta en esta comarca, donde ya en julio de 1936 se constituyó un comité antifascista muy activo, que siguió haciendo de las suyas hasta enero de 1937”, explicaba ayer Jordi Oliva, historiador local y autor de una guía sobre los lugares de la Segarra donde la guerra y la posguerra dejaron más huella.

Uno de estos parajes es el Clot dels Àubens, visitado ayer por el conseller de Interior, el ecosocialista Joan Saura. Al lugar, una pequeña cabaña de adobe, enclavada en medio de campos de cultivo y situada al pie de la actual autovía A-2, se llega a través de un camino rural sembrado con 12 cruces de hierro. Cada una de ellas recuerda a los monjes carmelitas muertos.

Apresados y ajusticiados

“Los habían apresado en la vecina Tàrrega. Cuando llegaron a la altura de Cervera, toparon con un control militar y decidieron desviarse por un camino, quizás para no tener que dar explicaciones a los soldados”, relataba Joan Naboa, un exempleado de banca, de 90 años recién cumplidos, que ha ido atesorando historias de la guerra en Cervera.

Fue así como los represores y sus 12 detenidos fueron a parar al Clot dels Àubens. El padre Miquel, hoy miembro de la congregación carmelita de Tàrrega, tenía entonces 13 años. “Aquella noche había pasado cerca del lugar, de regreso a casa, y oí perfectamente los disparos y los gritos”. Su testimonio sirvió para que los carmelitas fueran beatificados por el papa Benedicto XVI el pasado noviembre.

Pero la acción más sanguinaria del comité antifascista de la Segarra se produjo el 19 de octubre de 1936, contra la comunidad de frailes claretianos, que desde mediados de ese verano estaba refugiada en el Mas Claret, en Sant Pere dels Arquells, muy cerca de Cervera. Los religiosos fueron abatidos a tiros de ametralladora y sus cadáveres, lanzados a una hoguera que ardió durante cuatro días.

El historiador Jordi Albertí, especializado en la investigación de la persecución religiosa durante la contienda, asegura que esta sañosa puesta en escena podía ser fruto de la espontaneidad del momento, pero que detrás de ella se escondía una pergeñada estrategia de eliminación de todo lo relacionado con la Iglesia. “Las izquierdas incorporaron el anticlericalismo en su programa. Buscaban a personas concretas y actuaban con listas. A muchos curas, antes de matarlos, les quemaban las sotanas para simbolizar su odio a la religión”.

Junto a republicanos

En desagravio, el régimen franquista levantó en honor de los sacerdotes un gran panteón en el centro del cementerio de Cervera, justo al lado de la fosa común donde –paradojas de la historia– yacen en torno a 400 soldados republicanos, fallecidos en combate o en hospitales de retaguardia. Saura aprovechó también su visita de ayer para asistir a un emotivo acto con familiares de algunas de las personas enterradas en la fosa, que ha sido dignificada por la Generalitat.

Author: ADECAF