Imperio británico: genocidios, expolios y masacres

9 de julio de 2014 a las 15:55

Los conquistadores anglosajones hicieron realidad lo que siglos después no pudo Adolf Hitler, exterminar razas enteras. Los únicos indios de EEUU que no han sido exterminados ni deportados y conservan sus tierras desde hace miles de años son los indios pueblas, porque sus tierras están en Nuevo México, que fue territorio de la Monarquía española, y por tanto ellos y sus propiedades estuvieron protegidos por las Leyes de Indias. No es de extrañar que los indios pueblas, en pleno siglo XXI, gusten de lucir en sus fiestas populares la bandera española, y hasta que presuman de pertenecer al linaje de España, algo que se intenta “silenciar”.

En el siglo XX una nueva técnica de comunicación, el cine, sirvió para darles el título de héroes a los anglosajones que exterminaron a las poblaciones indias de América del Norte. Cualquier paralelismo que se proponga, o cualquier alusión al recurso fácil de que “todos fueron iguales” no es más que un prejuicio que se encuentra completamente al margen de lo que fue la verdad.

Los conquistadores anglosajones lucharon con una ventaja de 2 a 1 para ocupar América del Norte en 200 años. Los conquistadores españoles sometieron el triple de territorio en cuatro veces menos de tiempo y con una inferioridad numérica de 300 a 1, lo que hubiera hecho imposible la conquista de no ser por las alianzas de españoles y pueblos indígnes que era oprimidos, esclavizados e incluso utilizado como comida, por Aztecas, Incas, etc…

Los conquistadores anglosajones no crearon nada, simplemente aniquilaron a los indios y sus culturas, para más tarde recupar sus territorios, a los cuales trasladaron sus formas europeas de vida. Los conquistadores españoles crearon un nuevo mundo mediante la fusión de las culturas europea e indígenas, algo que no se producía (ni se ha vuelto a producir) desde los tiempos del Imperio romano. Los conquistadores anglosajones usaron sus armas para destruir una forma de vida. Los conquistadores españoles no necesitaron armas para crear una nueva cultura.

Los únicos indios en territorio de los actuales EEUU que no han sido exterminados ni deportados y que incluso conservan sus mismas tierras desde hace miles de años son los indios pueblas. La razón de este milagro se encuentra en que sus tierras están en Nuevo México, que fue territorio de la Monarquía española, y por tanto estos indios y sus propiedades estuvieron protegidos por las Leyes de Indias que promulgaron los reyes de España. Cuando Nuevo México pasó a formar parte de los EEUU, se hizo con la condición de respetar necesariamente los derechos y libertades de sus habitantes. No es de extrañar que los indios pueblas, en pleno siglo XXI, gusten de lucir en sus fiestas populares la bandera española, y hasta que presuman de pertenecer al linaje de nuestro pueblo.

Las diferencias abismales que hubo entre los conquistadores españoles y sus colegas anglosajones no fueron diferencias causales, o meramente circunstanciales. La diferencia entre las conquistas llevadas a cabo por España y las de Inglaterra son conceptuales, ya que aunque ambos fueron imperios conquistadores, las intenciones que llevaron cada uno marcaron los modos y usos de la misma. Mientras que los españoles buscaban la expansión de unos principios religiosos y culturales, los anglosajones se centraron con auténtico acerbo en la consecución de sus proyectos mercantiles, en los cuales quedaron reflejados los principios filosóficos y teológicos del protestantismo, sobre todo en su versión puritana, en estos proyectos mercantiles.

La colonización anglosajona, formada por expatriados protestantes que no eran tolerados por los anglicanos en Gran Bretaña, no pretendió formar una cultura mixta en América. Estos colonos trajeron sus costumbres y sus mujeres, por lo que marcaron sus posesiones para diferenciarlas de las de los nativos, a quienes luego expulsarían de sus territorios. Por el contrario, los españoles no formaron una sociedad diferenciada por la raza, sino que engendraron un pueblo mestizo, de acuerdo con los deseos, entre otros monarcas, de Isabel la Católica: “Cásense españoles con indias, e indios con españolas”…

Para los colonos protestantes, los indios no eran unas almas esperando recibir la Fe, sino unos ingratos pecadores que no habían sabido rentabilizar las tierras y talentos que Dios les había dado, de hecho ni siquiera les consideraron seres humanos… Así Dios, dolorido por tan ingrata actitud, había decidido readjudicarlas a sus fieles hijos anglosajones. En esta línea de pensamiento el mismo T. Roosvelt afirmaba: “Si se hubieran dejado a los indios, por humanitarismo, sus terrenos de caza, ello hubiera significado abandonar amplios contingentes de tierras a disposición de los salvajes; cosa inconcebible. No quedaba otra alternativa; había que desplazarlos…”

Por su parte, Philip Henry Sheridan se ahorraba tantas explicaciones y lacónicamente sentenció: “Los únicos indios buenos son los que están muertos”. Y el Mariscal de Campo británico Jeffrey Amherst, sentenció y “ejecutó”: “Haríais bien en intentar infectar a los indios con mantas, o por cualquier otro método tendente a extirpar a esta raza execrable”.

Estas creencias de superioridad de los colonos protestantes británicos se vieron más tarde reforzadas con las teorías científicas de Darwin. En todo el reino animal existían especies superiores y otras inferiores, estando las primeras destinadas por la ley natural a dominar sobre las segundas, y teniendo en cuenta que la ley natural la había creado Dios. Ello equivalía a afirmar que los blancos protestantes tenían la divina responsabilizar de gobernar sobre especies inferiores y paganas. Estas creencias son la única razón por la que hasta mediados del siglo XX no les han sido reconocidos los derechos civiles a los indígenas de las antiguas colonias anglosajonas de América, Sudáfrica, Australia, etc., e incluso hoy día se les sigue sin reconocer el derecho a sus antiguas propiedades.

Los conquistadores anglosajones consiguieron hacer realidad lo que siglos más tarde no pudo Adolf Hitler: exterminar razas enteras, como ocurrió con los indios de América del Norte, o con los de Oceanía, caso este último, bastante más desconocido. En Australia había una población de unos 3 millones de indígenas, cuando llegaron los primeros ingleses con James Cook. Un siglo después, su población apenas llegaba a los 60.000. El asesinato del aborigen se convirtió en un deporte de cacería que se podía practicar con fusil, con espada y al galope, o bien abriéndose el cráneo a golpe de estribo. Los aborígenes de Tasmania tuvieron peor suerte, pues fueron todos literalmente exterminados mediante el sistema de “Cordón negro”; una línea de 2.200 soldados cubría todo el ancho de la isla, mientras avanzaba batiendo a los indios, como si estuviesen en un ojeo de perdices.

Estos crímenes no deben entenderse como algo exclusivo de un pasado lejano, pues hasta 1960 era legal y estaba bien visto apartar de sus padres a los niños indígenas para llevarlos a trabajar en tareas domésticas, si eran hembras, o dedicarlos a las labores del campo, si eran varones. Sólo en Australia, en la primera mitad del siglo XX, unos 150.000 niños indígenas “tuvieron la suerte de ser trasladados de la barbarie a la cultura”, y según justificaba un político, “los aborígenes no tienes sentimientos como nosotros. Aunque hacen aspavientos, gritan y lloran, cuando nos llevamos a los niños, enseguida se olvidan y hacen una vida normal”.

LA “GUERRA NEGRA” EN TASMANIA

Esta expresión no alude a ninguna guerra, sino a la agresión cometida en Tasmania a comienzos del siglo XIX, por los invasores británicos, en agravio de la población aborigen, para adueñarse de su territorio. Este genocidio fue promovido y recompensado económicamente, por el gobierno británico.

Ya en 1772, con el arribo de los primeros colonos europeos, los tasmanos fueron convertidos en esclavos, tomados como fuente de placer sexual, fueron torturados y mutilados por los colonos invasores. Los colonos ingleses les daban caza y las vendían sus pieles, a cambio de una recompensa otorgada por el gobierno. Los hombres eran asesinados; a las mujeres se las dejaba marchar con las cabezas de sus esposos atadas alrededor del cuello. Los hombres que no morían de esa manera eran castrados, los niños morían golpeados y apaleados.

El inicio de la colonización británica en Tasmania, ocurrió en 1803, cuando los colonos británicos fundaron una colonia penal en la isla. Más tarde, en Diciembre de 1826, aparece en el diario Colonial Times, un artículo intitulado “Tasmanian advertiser”, en el cual su autor escribía a la letra: “Lo decimos inequivocadamente LA DEFENSA PROPIA ES LA PRIMERA LEY DE LA NATURALEZA. EL GOBIERNO TIENE QUE RETIRAR A LOS NATIVOS — SI NO, ¡SERÁN CAZADOS COMO ANIMALES SALVAJES Y DESTRUIDOS!”

En 1830, el gobernador Arthur convocó a todos los “colonos” adultos y capaces, convictos o libres, para que formaran una cadena humana, que posteriormente se le conoció como la “línea negra” para batir Tasmania. Al igual que en una partida de caza, los colonos invasores registraron las zonas colonizadas, dirigiéndose al sur y hacia el este durante varias semanas, intentando acorralar a los aborígenes en la península de Tasman, cerrando Eaglehawk Neck, el istmo que conectaba la península de Tasman con el resto de la isla de Tasmania. Arthur pretendía con esto, concentrar a los aborígenes en la península para que mantuvieran su cultura y lenguaje y permanecieran separados de los colonos.

Con estas medidas, en 1830, el número de aborígenes tasmanos se había reducido de unos 5.000, a tan sólo 220. 

Los sobrevivientes a este exterminio, fueron instalados por los invasores ingleses, a viva fuerza, en las islas del Estrecho de Basss, a un campamento de la isla Flinders. En el año 1847 los últimos 47 sobrevivientes de Wybalenna fueron trasladados a Oyster Cove, al sur de Hobart, en el sur-ese de la isla de Tasmania. El último sobreviviente nativo de este exterminio fue una mujer: se llamaba Truganini o Trugernanner, y murió en 1876. Entonces el genocidio, como señala John N. Gray, se dio por concluido.

El gobierno inglés jamás pidió perdón por este genocidio. En cuanto a los invasores ingleses: no solamente nunca fueron castigados por sus crímenes, sino que se establecieron, hasta hoy, como dueños absolutos del territorio usurpado a sus víctimas. La Organización de las Naciones Unidas se muestra indiferente ante este genocidio histórico. Mientras tanto, unos y otros (entre ellos la extrema izquierda española) intentan a toda costa seguir cargando el “sambenito” a España…

Y ya no es que lo diga yo, que lo digo… Es que lo dicen personas mucho más inteligentes, formadas e informadas que yo…

“Una Leyenda Negra resultado de la ignorancia o de la mala fe solo se combate con la verdad, la comparación seria y objetiva y con una labor docente acerca de la historia contemporánea”. Stanley George Payne, historiador estadounidense.

“La Leyenda Negra con la que la Reforma protestante se ingenió en denigrar la empresa más grande y más noble que conocen los siglos, como fueron el Descubrimiento y la Conquista de América, sólo tuvo validez en el mercado de los tontos o de los interesados. A nadie engañó que no quisiera ser engañado. Somos pues, no sólo hijos legítimos de los descubridores y conquistadores, sino herederos de su gesta y de la llama de eternidad que ellos transportaron sobre los mares”. María Eva Duarte de Perón.

“España edificó universidades, difundió la cultura, formó hombres, e hizo mucho más, fundió y confundió su sangre con América”. Juan Domingo Perón, político argentino.

“Durante siglos las conquistas consistían en que un país invadía a otro, se apoderaba de él, lo saqueaba… La conquista de América introduce una importante variante. Por primera vez el conquistador se pregunta a sí mismo sobre la justicia de la empresa, y emprende una misión evangelizadora y civilizadora. Sin embargo, en el siglo XIX, las empresas coloniales europeas en África y Asia invaden territorios que explotan, para proveerse de materias primas o contrarrestar el crecimiento de imperios rivales”. Mario Vargas Llosa, escritor peruano, Premio Nobel de Literatura.

“Otras naciones enviaron osados exploradores y establecieron imperios, pero ningún otro pueblo europeo se lanzó a una lucha por la justicia como la que se desarrolló por los españoles desde el descubrimiento de América”. Lewis Hanke, historiador estadounidense.

“A diferencia de lo ocurrido en América del Norte por parte de los ingleses, los españoles integraron a los nativos a su sistema social, político y religioso, a través de la evangelización y la hispanización”. “Perú no fue una colonia, sino un reino más dentro del imperio Español”. Rafael Sánchez-Concha Barrios Catedrático e historiador peruano.

“El gobierno y pueblo inglés y sus descendientes en el Nuevo Mundo mostraron una manifiesta indiferencia por la protección y bienestar del indio americano, que se destaca especialmente si se la contrasta con los enormes esfuerzos españoles, tanto gubernamentales como individuales, en un sentido diametralmente distinto”. Philip Wayne Powell, historiador estadounidense.

No hay peor sordo que quien no quiere oír, peorciego que quien no quiere ver, ni peor analfabeto que quien no quiere leer…¿Aprenderemos algún día? Espero que sí… Aunque este día está muy lejano aún… Por mi parte, y para desgracia de alguno que yo me sé, no cejaré en el noble intento de valorar y hacer valorar la impresionante Historia de España… ¿Me acompañas?

José A. Cantarero: www.facebook.com/josigno

Author: ADECAF