Félix Schlayer: Matanzas en el Madrid republicano. Paseos, checas, Paracuellos… Libertad Digital, Libros. 15/06/2006

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Ninguna historia nueva aparece aquí, pero se cuentan de tal modo que parecen nuevas. No tienen pretensiones literarias; sin embargo, lasinceridad, la ecuanimidad y la falta de partidismo del relator las convierte en un documento de primera mano para hacerse cargo delhorror republicano. Por supuesto, hoy, en 2006, casi nada de lo contado por Schlayer, en 1938, es novedoso. La historia crítica más rigurosa nosha narrado sucesos que, sin duda alguna, por primera vez nos contó Schlayer, incluso muchos de esos trabajos estáninspirados en este libro, que ha tardado más de 65 años en verterse, magníficamente, al castellano.Sin embargo, la perspectiva desde la que se cuenta el horror sigue siendo novedosa para todos nosotros. La ubicación del relator es todo. Gracias a su posición, a su destino de cónsul de Noruega en Madrid, Félix Schlayer consiguió,primero, salvar cientos de vidas humanas del terror implantado por los republicanos en el Madrid del 36 y el 37; pero, sobretodo, consiguió contarnos en un libro sólo y exclusivamente lo que vio. Ahí reside su aportación. Escribir en solitario lo visto.Fue su venganza del terror rojo.

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En torno a "De un tiempo y de un país". La Ilustración Liberal , 2004

Aparte de su carácter testimonial, el libro "De un tiempo y de un país" creo que refleja la militancia antifranquista, en general, de los años sesenta y setenta. He expuesto, por ejemplo, cómo agitaba esa oposición, como se organizaba, sus contradicciones y dudas ideológicas y políticas, ciertas actitudes corrientes, etc. Por todo ello, empezaré aquí por examinar el contexto histórico de aquellos movimientos. En los años 60 y 70, España era uno de los países de mayor crecimiento del mundo, hasta el punto de que muchos especialistas calculaban que en los años 80 dejaría atrás a Italia y Gran Bretaña. Rápidamente iban siendo superados los fenómenos de miseria y desigualdad tan extendidos desde el siglo XIX, y que habían contribuido, como un substrato explotado demagógicamente, a la guerra civil. España había llegado a ser el tercer país del mundo en expectativa de vida, detrás de Suecia y Japón, y por encima de Usa, Alemania o Francia, cuando en los años 30 era uno de los europeos más atrasados al respecto. El hambre, tradicional plaga, había sido erradicada ya en los años 50, el analfabetismo se había reducido a porcentajes marginales, y la enseñanza superior se iba masificando, en el buen y en el mal sentido. En muchos aspectos era un país envidiable, donde la creciente riqueza apenas iba enturbiada por fenómenos como la droga y el alcoholismo juvenil, en que la familia parecía una institución sólida, y los índices de delincuencia estaban entre los más bajos del mundo, con una de las poblaciones reclusas menores de Europa, ausencia de policías privadas, etc

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