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Crònica sobre la invasió de Txecoslovaquia de 1968. Ràdio Praga

Radio Praga – Emisión de la Radiodifusión Checa pera el exterior

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Crónica 1968

 

Este mes se cumple el trigésimo quinto aniversario del aplastamiento de la Primavera de Praga por los tanques soviéticos. Les ofrecemos una serie sobre los sucesos que precedieron el fatal 21 de agosto de 1968, día en que las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia.

“No soltaremos Checoslovaquia aún arriesgando el estallido de la tercera guerra mundial,” manifestó la dirigencia soviética en mayo de 1968, en una reunión secreta. Fue una de las irritadas reacciones que se venían produciendo en la Unión Soviética desde que en enero del mismo año comenzara en Checoslovaquia la experiencia democratizadora.

La Unión Soviética exigía de su satélite checoslovaco total obediencia, pero en el país centroeuropeo se iniciaban procesos que amenazaban con sacudir el rígido sistema neostalinista. El Kremlin consideraba amenazados sus intereses imperiales en el centro de Europa.

Lo que más irritaba a la dirección soviética y a los conservadores en Checoslovaquia durante la Primavera de Praga fue la libertad de los medios informativos. En 1968, literalmente de la noche a la mañana, la prensa, la radio y la TV se hicieron partidarias de los cambios sociopolíticos, ayudando incluso a acelerarlos.

Ello se debía a que rápidamente desapareciera la vigilancia casi policíaca sobre los medios informativos, y los periodistas empezaron a disfrutar de libertad de expresión… Glasnost, transparencia informativa veinte años antes de Gorbachov…

Esta libertad fue consagrada jurídicamente en junio de 1968: la Asamblea Nacional checoslovaca aprobó la correspondiente ley declarando que “la censura es inadmisible”. Esta ley, novedosa en el bloque soviético, fue la de menor duración en la historia checoslovaca. Los tanques soviéticos llegaron el 21 de agosto de 1968, y en septiembre del mismo año la ley fue derogada, a instancias de la dirección soviética.

La próxima vez les contaremos cómo renacieron durante la Primavera de Praga las tradiciones pluralistas de la sociedad checoslovaca, desde 1948 reprimidas por el Partido Comunista.

Durante la Primavera de Praga de 1968 renacían también las tradiciones pluralistas de la sociedad checoslovaca, desde 1948 reprimidas por el Partido Comunista…

En 1968 surgió en Checoslovaquia el KAN- Club de personas sin militancia política que deseaban intervenir de manera independiente en la vida pública, sacudir la tutela de los comunistas. El KAN es el precursor de todas las iniciativas ciudadanas en el antiguo bloque soviético.

Existía la posibilidad de que en el caso de ser convocadas las elecciones libres, esta organización pudiera captar amplios sectores del electorado. Por eso el KAN era mal visto incluso por los comunistas reformadores. Tras la invasión de agosto de 1968, la disolución del KAN fue una de las principales exigencias de la dirigencia soviética. En el período de la llamada normalización, los miembros del KAN fueron despedidos del trabajo y muchos conocieron las cárceles comunistas.

La segunda organización surgida en 1968, que provocaba la ira de los correligionarios de Leonid Brezhnev, fue el Club 231. Su nombre aludía al número de la ley de 1948 que posibilitaba cometer arbitrariedades contra presuntos “enemigos de clase”. En realidad, contra cualquier persona.

El Club 231 reinvindicaba la rehabilitación de las personas afectadas por las condenas arbitrarias: se calculaba tratarse de unas 70 mil personas. Exigir la rehabilitación de todos los presos políticos de la época comunista era algo muy revolucionario ya que hasta entonces hubo intentos de rehabilitar tan sólo a los miembros del Partido Comunista, perjudicados por las ilegalidades de la época estalinista.

La existencia del Club de los ex -prisioneros políticos era desagradable hasta para el régimen establecido con la Primavera de Praga: en muchos puestos de importancia se habían conservado funcionarios comprometidos con los malos tratos en los campos de concentración de los años 50.

En 1968 se constituyó también el comité preparatorio del Partido Socialdemócrata que seguramente con el tiempo se habría convertido en un serio rival de los comunistas que desde 1948 controlaban el poder. Los comunistas, incluso los de tendencia reformista, se daban cuenta del peligro y uno de ellos llegó a declarar que en caso de necesidad, a los socialdemócratas los dispersaría la policía…

Mucho de la reforma económica, propuesta en 1968 por los reformistas con carné del Partido Comunista, fue superado por el tiempo, pero en su época y en el contexto del rígido imperio de Leonid Brezhnev eran cosas revolucionarias. Los reformadores se proponían eliminar el sistema de “ordeno y mando”, y en vez de órdenes directas, emanadas del aparato burocrático, impulsar la economía a través de los instrumentos económicos: el lucro, los precios, las tasas de impuestos, el crédito, la competitividad, la iniciativa empresarial.

Se quería autorizar también la actividad de la pequeña y mediana empresa. Se discutía la convertibilidad de la moneda checoslovaca y los economistas consideraban que este objetivo podría ser alcanzado en un plazo de cinco a siete años…

Y, el colmo de la herejía en el bloque soviético: el gobierno checoslovaco consideraba en 1968 muy útil la cooperación con empresas occidentales. Este proyecto, como los demás de la reforma económica de 1968 quedaron suspensos después de la invasión de agosto.

Aunque hoy en día los historiadores son relativamente críticos hacia la acción de los comunistas de tendencia reformista en 1968, hay que decir que se anticiparon notablemente a sus correligionarios del bloque soviético. Y en enero de 1968 cuando Alexander Dubcek fue elegido secretario general del Partido Comunista, se oían declaraciones que volvimos a escuchar tan sólo 16 años más tarde a Mijail Gorbachov. Por ejemplo, las relativas a la separación entre el Partido Comunista, por un lado, y la gestión del Estado y de la economía, por otro.

El Programa de Acción del Partido Comunista de Checoslovaquia, aprobado en abril de 1968, ponía énfasis en los derechos humanos, incluyendo la libertad de expresión y la libertad de viajar. Sin embargo, ¿cómo se imaginaban la cabal aplicación en una sociedad en la cual deseaban el papel rector del Partido Comunista?

El Programa del Partido Comunista no respondía a este interrogante. Era un documento lleno de contradicciones, pero la mera alusión a los derechos humanos suscitaba la saña del Kremlin. En Bulgaria, el Programa de acción fue incautado a un grupo de jóvenes checoslovacos como material subversivo.

A pesar de los consejos paternales de Leonid Brezhnev, a pesar de las advertencias cada vez más enérgicas de Moscú y de los líderes neostalinistas de la República Democrática de Alemania, Polonia, Bulgaria y Hungría, la dirigencia checoslovaca no intervino contra las herejías…

Llegó el momento de aplastar la Primavera de Praga que se convirtió en un peligroso ejemplo para los ciudadanos de los demás países del llamado campo socialista.

La mayoría de los checoslovacos apoyaba el proceso democratizador de la Primavera de Praga ya que se sentían magníficamente en la atmósfera de la libertad. Por primera vez desde el golpe comunista de 1948 los ciudadanos no comunistas dejaron de sentirse personas de segunda categoría. De cara a este peligroso experimento la dirigencia soviética temía una reacción en cadena en toda Europa del Este. El contagio libertario podía propagarse incluso a la propia Unión Soviética.

La dirigencia soviética se dio cuenta, en la primavera de 1968, que el Partido Comunista de Checoslovaquia en el que existía una fuerte corriente reformista, perdía el control sobre la situación y adoptaba medidas democratizadoras que exigía la ciudadanía.

Durante cada encuentro con los compañeros checoslovacos, Leonid Brezhnev abrazaba y besaba efusivamente al líder comunista Alexander Dubcek, símbolo de los cambios de la Primavera de Praga. Entretanto, los Estados Mayores de cinco países del Pacto de Varsovia empezaron a preparar la invasión apenas aparecieran las primeras señales de que Checoslovaquia quisiera salirse de las pautas neostalinistas.

En marzo del 1968. en la reunión de Dresden de los cinco con Alexander Dubcek, ellos amenazaron a Checoslovaquia con una intervención militar…

A principios de mayo, el parisino Le Monde citó la declaración del comandante político del Ejército soviético, Yepishov: “Es posible que un grupo de comunistas checoslovacos leales se dirijan a la Unión Soviética y a los demás partidos pidiendo ayuda a fin de salvaguardar el socialismo en Checoslovaquia. En tal caso, la Unión soviética está dispuesta a cumplir con su deber internacionalista.”

El general soviético se apresuró a desmentir la información. La dirigencia checoslovaca hizo lo mismo, ignorando deliberadamente la advertencia de que el ala conservadora del Partido Comunista de Checoslovaquia y la quinta columna soviética ya barajaban la idea de la intervención militar.

Mientras tanto, en la prensa de los países socialistas recrudecían los ataques contra el proceso democratizador en Checoslovaquia. De ello les hablaremos en el próximo capítulo.

La prensa de los países del llamado campo socialista fraguó contra el proceso democratizador de la Primavera de Praga del 68 increíbles patrañas:

El 9 de mayo de 1968, un vespertino de Alemania Oriental informaba que bajo el pretexto de la filmación de una película histórica arribaron a Praga miembros de destacamentos especiales norteamericanos, con material militar.

El articulista de la Alemania socialista superó al propio Goebels. En Checoslovaquia se encontraba, en realidad, un equipo de cineastas norteamericanos que filmaba la película “El Puente de Remagen”. Es que cerca de Praga había un puente parecido al de Remagen en cuyos accesos se habían librado encarnizados combates en la Segunda guerra Mundial por ser el único puente conservado sobre el Rhin. Al mismo tiempo se ofreció a los cineastas un área en demolición en la ciudad de Most para filmar los combates.

Los tanques americanos y alemanes que se enfrentaron en el teatro de guerra fílmico formaban parte del botín del Ejército Checoslovaco en la Segunda Guerra Mundial. Las tropas alemanas y norteamericanas eran constituidas por soldados checoslovacos, vestidos con los respectivos uniformes. Entre el equipo cinematográfico norteamericano no hubo un solo militar.

Los soldados de verdad, los del Tratado de Varsovia, llegaron, en realidad, ya en junio cuando se inició una interminable serie de maniobras militares que se desarrollaban o directamente en el territorio checoslovaco o cerca de sus fronteras. Una vez más los periodistas occidentales advertían que los ejercicios de las unidades del Pacto de Varsovia pretendían crear condiciones para el estacionamiento permanente de las tropas soviéticas en el territorio checoslovaco. El Ministerio de Defensa checoslovaco se apresuró a negarlo.

A fines de junio de 1968, 30 mil soldados soviéticos atravesaban lentamente Checoslovaquia de Este a Oeste. Hoy sabemos que bajo el pretexto de las maniobras del Pacto de Varsovia fue una operación de reconocimiento en vísperas de la intervención militar…

Tan sólo el día 3 de agosto salieron del territorio checoslovaco. ¿Esperaban que la dirección del PC, encabezada por Alexander Dubcek, las llamase a quedarse, a contener la presunta avalancha contrarrevolucionaria y antisocialista ?

La dirigencia checoslovaca no lo hizo. Pero tampoco se planteó seriamente que los soviéticos pudieran invadir Checoslovaquia, pisoteando su soberanía nacional.

En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968 medio millón de soldados del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia. Cuando miles de tanques cruzaban la frontera del país, los checoslovacos dormían tranquilamente. Los dirigentes reformistas checoslovacos creían que Moscú no recurriese a la fuerza militar para aplastar el proceso democratizador y lo hicieron creer también a la ciudadanía. A pesar de numerosas señales de la inminente invasión, la dirigencia checoslovaca no hizo nada para evitarla. De ello trata el presente capítulo de la serie dedicada a los sucesos del año 1968 en Checoslovaquia.

Las ilusiones sobre Moscú como centro del comunismo ofuscaba el discernimiento de la dirigencia checoslovaca. No se llevó a cabo ningún análisis de los objetivos de la política soviética. No llegó a considerarse la reacción ante una eventual intervención militar…

Obviamente, para los comunistas checoslovacos de tendencia reformista era impensable ponderar la eventualidad de disparar contra sus “hermanos de clase”, de combatir contra la Unión Soviética, “la cuna del socialismo”.

En los meses de verano ya era también tarde para organizar cualquier defensa. Pero la dirigencia checoslovaca dejó desaprovechada en el mes de junio prácticamente la última oportunidad de evitar la intervención militar…

Se trataba de la propuesta de los partidos comunistas francés e italiano para convocar una conferencia de todos los partidos comunistas y obreros europeos para tratar de la solución de la crisis checoslovaca, en realidad para evitar la intervención.

La dirigencia checoslovaca rechazó la propuesta y el 22 de julio la presidencia del Partido Comunista emitió una postura declarando inoportuna la conferencia propuesta. De esta manera los comunistas de tendencia reformista perdieron la última oportunidad de evitar la ocupación militar a través de una presión multilateral sobre Moscú.

Los soviéticos contaban que tras la invasión entregarían el poder al llamado núcleo sano del PC, o sea a los comunistas más conservadores, opositores a la línea de Dubcek. Los conservadores enviaron a Brezhnev varias misivas, solicitando la intervención militar para salvaguardar, como alegaban, las conquistas del socialismo y combatir la contrarrevolución.

En la noche del 20 al 21 de agosto, en la presidencia del CC del partido se impuso el ala de Alexander Dubcek, haciendo aprobar una resolución que condenaba la invasión como flagrante violación de las normas internacionales.

Los conservadores no lograron introducir sus agentes en la radio y la resolución condenatoria de la invasión pudo ser transmitida, contribuyendo a la cohesión nacional. Durante las dramáticas jornadas de agosto de 1968 ni los conservadores del partido comunista ni los tanques vencieron la radio que en condiciones de clandestinidad transmitía libremente. Lo mismo la TV checoslovaca. Posteriormente, los periodistas fueron los más afectados por las represiones.

 

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