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Els genocidis oblidats del Congo. Diversos autors i artícles

leopoldo

30 / diciembre / 2010 por Javier Domingo Gracia

El genocidio de Leopoldo

http://mrdomingo.com/2010/12/30/el-genocidio-de-leopoldo/

Leopoldo II de Bélgica es uno de los mayores genocidas que ha conocido la Tierra, aunque sus barbaridades no son muy conocidas al tratarse de unas víctimas totalmente anónimas y sin ningún poder político ni económico: los congoleños.

Aunque resulte verdaderamente difícil establecer el número exacto de muertos que pudo provocar el régimen de esclavitud que perpetró Leopoldo en su posesión particular en África, las últimas estimaciones de los historiadores nos indican que pudieron ser más de 10 millones de personas asesinadas directamente o indirectamente como consecuencia de las hambrunas o enfermedades durante el periodo de 1885 a 1908. Es decir, más de los que murieron como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y bastantes más que los muertos en los campos de exterminio nazis. El peor genocidio que ha visto el mundo.

Todo esto empezó en 1885 cuando el rey Leopoldo II de Bélgica ávido de nuevos territorios para su pequeño país compró a título personal una parte del Congo tan grande como Europa, gracias a los buenos oficios del explorador inglés Henry Morton Stanley. Leopoldo bautizó a este nuevo territorio como État Indepépendant du Congo en uno de los mayores eufemismos de la historia.

Por esas mismas fechas un genial veterinario irlandés llamado John Dunlop inventó unos tubos de goma llenos de aire para el triciclo de su hijo que revolucionarían el mercado de las bicicletas primero y, después, el del incipiente mercado del automóvil. Y precisamente cuando se produjo el boom del caucho, Leopoldo acababa de adquirir su propio territorio personal que, casualidades de la vida, era rico en caucho, por lo que enseguida puso a trabajar de forma esclava a toda la población congoleña para sacar el máximo beneficio de sus plantaciones de caucho salvaje hasta ostentar durante varios años el monopolio virtual en el mercado internacional.

A partir de entonces instauró un régimen de terror ideado para obtener la máxima producción de caucho exportable sin tener en cuenta el coste humano. Como las plantaciones en estado silvestre hacían necesario trepar a los árboles y esto no podía hacerse con los pies encadenados, los funcionarios del rey controlaban a los hombres haciendo rehenes a esposas y hijos hasta que aquellos cumplieran sus cuotas de producción. Si no lo hacían les cortaban las manos a sus hijos o mujeres.

La realidad de tamaña salvajada salió a la luz pública gracias a un empleado inglés de una compañía naviera de Liverpool, Edward Dene Morel, encargado de verificar cargamentos y cuyo trabajo habitualmente le llevaba a Bélgica donde supervisaba la carga y descarga de barcos procedentes de Congo. Él descubrió que la mayoría de cargamentos salientes contenían armas pequeñas y munición y que no había pruebas de que se comerciara con los que producían el caucho importado del Congo. Alguien estaba ganando “discretamente” millones de francos belgas.

Con 28 años Morel renunció a su puesto e inició una cruzada para sacar a la luz todas estas atrocidades, recaudando dinero mediante conferencias, carteándose con testigos oculares y presionando a políticos y gente influyente. Tanto es así que la administración colonial inglesa envió al Estado Libre del Congo a uno de sus hombres más fiables, Roger Casament, que en 1903 viajó por todo su territorio siendo testigo de las múltiples amputaciones, las violaciones masivas, los asesinatos de poblados enteros y de toda la violencia endémica que se había apoderado de esta colonia. Una vez vuelto de su viaje por el Congo, Casement volcó toda su rabia en un extenso y pormenorizado informe que envió al ministro de Asuntos Exteriores. Era la gota que colmó el vaso.

Leopoldo, entonces un septuagenario corroído por la hipocondría, decidió que ya no valía la pena seguir manteniendo la colonia, mucho menos lucrativa ahora que el mercado de productores de caucho se había generalizado, y “generosamente” aceptó venderla al gobierno belga que se endeudó por ciento diez millones de francos y además pagó al rey otros cincuenta millones de francos “como prueba de gratitud por sus grandes sacrificios en el Congo”. Leopoldo II murió al año siguiente.

Aun con su crueldad sin precedentes, la explotación del Congo belga solo fue rentable durante muy pocos años en los que Leopoldo literalmente se forró más allá de lo que podía haber imaginado, además de forrar el suelo del Congo de cadáveres. Pero sin duda, el gran negocio de Leopoldo estuvo en que él se embolsó directamente los beneficios y traspasó a Bélgica sus deudas y el grueso de los costes administrativos. A cambio adornó las calles de todo el país con ostentosos proyectos arquitectónicos a su mejor gloria haciendo bien patente hasta nuestros días la gran estafa que hizo a sus propios súbitos.

Para saber más: “Años de vértigo“, Philipp Blom (Anagrama, 2010)

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El Genocidio Olvidado

http://www.taringa.net/posts/info/15805718/El-Genocidio-Olvidado.html

Una de los genocidios olvidados y del que se habla muy poco fue el cometido por los belgas en el Congo a finales del siglo XIX y comienzos del XX. De si contamos los daños por el porcentaje de población es quizás el mayor genocidio de la historia humana moderna. Ya que los belgas acabaron con entre 5 y 10 millones de personas, los asesinados directamente podrían sido alrededor de 1/3 de la población del Congo en la época, de hecho, la población bajó de 30 millones de personas a menos de 10 durante el reinado del asesino de Leopoldo II, que aspira por sí solo a entrar en la lista de los mayores criminales de la historia de la humanidad.

El Genocidio Olvidado

El rey Leopoldo II ejecutó uno de los mayores crímenes de la historia contemporánea, un genocidio que se cobro la vida de entre 5 y 10 millones de personas. La explotación de una espantosa magnitud, fué rodeada en Belgica y Europa, como una campaña publica altruista y civilizadora de una África “salvaje” y no “civilizada”.

Las primeras historias que llegaron a Europa sobre el Congo, estaban relacionadas con las románticas y valerosas exploraciones de los exploradores pioneros, que una vez más volvían a “descubrir” mundos que permanecían inexplorados. La historias sobre Livingston y Stanley se hicieron muy famosas, quizá por que formaban parte de un plan de relaciones públicas que tenía como fín último, conquistar primero y explotar después los vastos recursos del Congo ó quizá por que simplemente fueron utilizadas por los dirigentes belgas para sus fines personales.

Hoy en día, la mayoría de la gente común, relacionaria a Livingston y Stanley con el Congo o con algún país exótico de Africa en vez de con Leopoldo II y el posterior genocidio que allí se cometió. Los artículos, reportajes e historias que escribieron novelistas como Joseph Conrad o Mark Twain entre otros (que no han sido tan promocionadas como las del “doctor Livingston supongo”), vienen a describirnos una parte mas cercana a la realidad de la vida de los congoleños, sus “amos” y las grotescas condiciones de vida que les impusieron mientras una pequeña élite belga que obtuvo “riquezas más allá de lo que es capaz de soñar la avaricia”.

Leopoldo II, rey de Bélgica había enviado a finales del siglo XIX, emisarios por todo el mundo para que reportaran la existencia de regiones ricas a las que poder colonizar y como explotar. Deseaba, como el resto de aristocratas de la época, un parte del mundo para él, no como parte de un nuevo y gran imperio a formar, sino para establecer una especie de “coto privado” en el que explotar valiosos recursos con los que equipararse en riqueza al resto de monarcas contemporáneos.

Cuando en 1872, Henry M. Stanley dió con David Livingstone, el hecho se publicitó de manera desmesurada dando fama internacional y para siempre a la frase anteriormente mencionada. Esta desmesurada publicidad tenía probablemente intenciones mas oscuras. Leopoldo publicitó las historias contadas por Stanley y Livingstone sobre la “crueldad esclavista de los árabes” y el grado de retraso y escasa civilización de los pueblos contactados con el fin de que su intención de colonizar aquellos vastos territorios adquiriera el motivo de una intervención altruista de erradicación del comercio de esclavos mientras al mismo tiempo se enseñaban la civilización europea y su moral cristiana supuestamente superior en todos los aspectos a aquellas sociedades “primitivas” compuestas por poco mas que “salvajes”.

Este simple pretexto, junto con el interés “absolutamente humanitario” de Leopoldo II, quedó formalizado en 1876 durante la “Conferencia Geográfica” que se desarrolló en Bruselas y en la que se convenció a muchas e importantes personas de diversos ámbitos (desde geógrafos a militares pasando como no, por hombres de negocios) sobre los buenos fines que perseguía tan conmovedora obra.
Este pretexto no es ni mucho menos nuevo. “Los imperios se visten con un aura de benevolencia” desde mucho antes que el Imperio Romano, el cual sentó en gran manera las bases para este tipo de pretextos que tenían por objeto convencer a los más rehacios, a aceptar las políticas agresivas y beligerantes del Imperio sobre otros pueblos y culturas.

Leopoldo II financia tan “altruista” empresa valiéndose de un numeroso compendio de engaños gracias a los cuales obtiene aportaciones económicas y prestamos provenientes de empresas, instituciones e incluso del propio Estado belga. Dichos prestamos jamás serían devueltos.
Las exploraciones de Stanley en Centrofrica entre 1879 y 1884 dieron resultados satisfactorios para las partes implicadas y se fundaron diversas estaciones a lo largo del rio Congo. También firmó varios tratados con gobernantes locales estableciendo la “Asociación Internacional del Congo”, una organización tapadera de las verdaderas ambiciones de Leopoldo II.

A finales de la década, en 1878, el rey Leopoldo II establece un consorcio de banqueros para financiar la exploración y colonización del Congo. La “Conferencia de Berlin” (noviembre 1844 – febrero 1845), los Estados y monarquías europeas reconocen la Asociación Internacional del Congo, que pasa a llamarse “Estado Libre del Congo”.

Mientras Leopoldo II dictaba normas arbitrarias que expropiaban propiedades y recursos a los pueblos congoleños, fomentaba a que su brutal ejercito privado (la Fuerza Pública) cometiera todo tipo de atrocidades incluído el sistemático uso de torturas, secuestros, asesinatos etc con el fin de aterrorizar a la población, sometiéndola a trabajos forzados o a “vender” sus tierras, el resto de Europa se dedicaba a calificar sus acciones como de lucha contra el comercio de esclavos e incluso como defensa del libre comercio .
La “lucha contra el comercio de esclavos” y contra la “escasa civilización” de los congoleños, convirtió a Leopoldo II en apenas un par de décadas, en uno de los hombres mas ricos del mundo.

En la década de 1890, se construye una red de medios de transporte para una más extensa explotación y distribución de los recursos minerales, haciendo uso de trabajadores forzados. La construcción de estas infraestructuras, orientadas exclusivamente al interés personal, se cobró la vida de una incontable cantidad de seres humanos, en una tremenda agonía de la que no se salvaban ni siquiera los niños de mas corta edad.

Los esclavos de todas las condiciones, también fueron explotados para el desarrollo de caucho y la obtención de marfil. Un año después se conquista Katanga (1891 – 1892), región de enormes riquezas minerales y que será un foco de la rivalidad entre las grandes potencias hasta nuestros días. Entre 1895 y 1897 estallaron diversos motines contra la Fuerza Pública que serán reprimidos en poco tiempo y con la aconstumbrada dureza.

Leopoldo II creó su propia empresa para la obtención de marfil y caucho, concediéndo tierras a diversas empresas e intereses privados a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Era el empresario del momento en el paraíso del libre comercio, es decir de la libre explotación.

Entre 1885 y 1906 el único comercio que existió en el Congo fue el de abalorios y camisetas de algodón que se cambiaban por inmensas tierras fértiles o incluso a cambio de años de trabajo, todo ello cuando no se recurría al terror sobre la población, el saqueo, la destrucción de aldeas y pueblos, chantajes y atroces castigos para aquellos que no cumplían con las ordenes o las tremendas jornadas de trabajo que exigía el monarca para mejorar la productividad.

Los métodos de Leopoldo II en el Congo, no constituyen una novedad de los procesos de colonización – saqueo de otras tierras, sino que el recurso al terrorismo a gran escala sobre poblaciones indefensas era moneada de cambio pues no se podía explotar pacíficamente a tan grandes poblaciones sin recurrir a la violencia. Eran en parte, los mismos métodos empleados por los colonizadores españoles, ingleses, holandeses y franceses en el “Nuevo Mundo”.

Según explica en su libro Adam Hochschild ( King Leopold’s Ghost ), no hay ninguna duda que Leopoldo II conocía de primera mano lo que allí pasaba pues, preocupado por la muerte de muchos trabajadores a causa de las brutales condiciones, sugiririó que se empleara también a niños para el trabajo. De cualquier forma, aunque Leopoldo II no hubiera tenido conocimiento de estos hechos, ello le hubiera hecho igualmente responsable por que al fin y al cabo el era el amo y señor de aquellos dominios.

Las primeras voces criticas al respecto, fueron las del misionero americano G.W. Willians, y los relatos y datos obtenidos por escritores como Mark Twain y Joseph Conrad. A sus preocupaciones, le siguieron las preocupaciones (interesadas o no) de otras personalidades como el tambien misionero Willians Sephard, el diplomático británico Casement, y principalmente los trabajos de Edmund Dene.

En 1908, en respuesta a las crecientes criticas sobre el tratamiento dado a las poblaciones africanas, el Parlamento belga anexiona el Estado Libre del Congo y lo renombra Congo belga. Las condiciones de los nativos se suavizaran aunque su rol de semi-esclavitud se mantendrá practicamente hasta el día de hoy.

El Congo permaneció bajo soberanía belga hasta 1960, año en que obtuvo su independencia. Tras la propia independencia del Congo el 15 de agosto de 1960, los Estados europeos y EEUU no dejaran de intervenir en la zona, ávidos por explotar los inmensos recursos y riquezas del nuevo Estado amén de mantener el “comunismo” (es decir cualquiera de los intereses nativos) lejos de sus fronteras y como base para atacar países vecinos que se consideraban también “comunistas”.

Las intervenciones exteriores vendrán en forma de apoyo a determinadas facciones étnicas, dictadores ó señores de la guerra, a las que armaban o pagaban para que controlaran militarmente alguna región del país haciendolo “seguro” para que las empresas mineras y manufactureras, tuvieran acceso a la explotación de sus recursos. Esas facciones a menudo pertenencia a etnias que habian apoyado en su momento a los colonizadores frente a otros comunidades etnicas que se aponían a la presencia extranjera, con lo cual los resentimientos y odios entre dichas etnias aumentaron considerablemente. Ello favorecía en gran manera a los intereses geopolíticos y económicos extranjeros, pues mediante esta situación se mantenía un pais potencialmente peligroso (dada su extremada riqueza) alejado de poder convertirse en un poder regional independiente con aspiraciones panafricanas que atacara las propias causas y origenes de muchas de esas disputas.

Todavía se discute en Bélgica la responsabilidad de Leopoldo II y de la propia Bélgica en las atrocidades allí cometidas, aduciendo que Bélgica se involucró en el Congo por motivos puramente altruistas. Resulta difícil que tal y como sostiene una parte de la”Historiografía” oficial, las naciones occidentales, una vez que comenzaron a conocer lo que ocurría no hicieran nada y cuando hicieron algo, simplemente lo hicieron para reducir el poder de un potencial rival regional en un continente, que pronto se repartirían con descaro y arrogancia entre las potencias europeas a golpe de escuadra y regla, ignorando los agravios cometidos en el pasado y agravando los actuales mediante la separación de comunidades enteras de la misma etnia y la unión con otras rivales, fomentando los futuros conflictos con el fin de facilitar el trabajo de la metrópoli en la zona.

En los colegios e institutos apenas se estudian estos hechos como parte de otro de tantos genocidios llevados a cabo por las naciones europeas durante la colonización de Africa a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. El coste de la colonización belga ha sido cifrado por algunos autores en un mínimo de 5 millones de almas de todas las condiciones. Otros autores afirman que una cifra más acorde estaría entre los 5 y 10 millones de personas muertas como consecuencia directa de la colonización.

Lo mas penoso de toda esta terrible historia, al igual que ha pasado y pasa con tantas otras similares, es que hoy en día la gran mayoría de la gente desconoce por completo el genocidio y las atrocidades cometidas en ese periodo, estimadas en 5 millones de muertos, los cuales no han empañado en nada la imagen de Leopoldo II, cuya estatua ecuestre sigue ocupando su lugar en el palacio de Laeken sin que a nadie le incomode lo mas minimo. Al fin y al cabo, como “argumentaría” mucha gente, “es historia”.

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Congo Belga: historia de un genocidio

La aventura colonial

Por Mario Vargas Llosa | Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/1088427-la-aventura-colonial

Durante muchos siglos, la empresa colonial fue transparente: un país, aprovechándose de su fuerza, invadía a otro más débil, se apoderaba de él y lo saqueaba. Nadie ponía en cuestión semejante estado de cosas porque se trataba de algo que se venía practicando desde la noche de los tiempos, y todos, colonizadores y colonizados, aceptaban o se resignaban a esta cruda realidad como a una fatalidad inevitable, consustancial a la historia.

El descubrimiento y la conquista de América por los europeos introduce una importante variante. Por primera vez, y por razones religiosas, el colonizador se interroga a sí mismo sobre la justicia de la empresa colonizadora y, en acalorados debates de juristas y teólogos, se arma de razones, humanas y divinas, para justificar sus conquistas. Desde entonces, sin dejar de ser lo que fue siempre, es decir, un acto de fuerza y de rapiña, la colonización se atribuye a sí misma una misión evangelizadora y civilizadora: desanimalizar a quienes viven en estado feral y humanizarlos gracias al cristianismo y a la cultura occidental que aquél inspira. Para que este objetivo tenga algún viso de realidad es imprescindible establecer como un hecho indiscutible, científico, que el colonizado carece de los conocimientos y las luces indispensables para juzgar por sí mismo lo que más le conviene, pues se trata de un ser desvalido y primario cuyos intereses y conveniencias son mejor percibidos por la potencia que a partir de ahora ejercerá sobre él la tutela colonial, una forma de autoridad benévola.

Sin embargo, en el siglo XIX, las empresas coloniales europeas en Africa y Asia olvidan casi este prurito de justificación religiosa y moral e invaden y ocupan territorios, que empiezan a explotar de inmediato, sin otra explicación que la necesidad de proveerse de materias primas. Cuando Hitler, en Mi lucha , explica que en el programa del Partido Nacional Socialista figura en lugar prominente la adquisición, por las buenas o las malas, de colonias para instalar los excedentes demográficos del pueblo alemán, no hace más que poner sobre papel lo que casi todas las grandes potencias europeas habían venido haciendo, cierto que sin decirlo con tanta claridad, desde el siglo XV.

La excepción era la pequeña Bélgica, país más bien reciente y, ay, sin colonias. Esta condición entristecía y desmoralizaba a su soberano, Leopoldo II, cuya energía, ambiciones y sobresaliente inteligencia desbordaban por los cuatro costados las fronteras del diminuto reino que le había asignado la Providencia. El se dio maña para conseguir mediante la astucia, la paciencia, la intriga y la diplomacia lo que los grandes países colonizadores habían logrado a través de los ejércitos y la matanza. Por increíble que parezca, Leopoldo II convirtió Bélgica en una gran potencia colonial sin disparar un solo tiro.

Para ello, primero se fraguó una imagen de monarca humanitario, altruista, condolido por la suerte de los salvajes y paganos de este mundo, que sedujo a la opinión pública de Europa y de los Estados Unidos. Invirtiendo en ello el dinero de su reino y el suyo propio, fundó asociaciones benéficas y centros para combatir la esclavitud que hacía estragos en Africa Occidental, costeó el viaje de misioneros a esas regiones bárbaras, impulsó investigaciones, estudios y publicaciones sobre las condiciones de vida de las tribus africanas que todavía practicaban el canibalismo y eran diezmadas por los traficantes árabes y peroró sin tregua, en orquestadas manifestaciones públicas, exigiendo a las grandes potencias que intervinieran para poner fin a aquella lacra indigna que era el comercio de carne humana en los mares del mundo.

La campaña dio el resultado que esperaba. En febrero de 1885, catorce naciones reunidas en Berlín, y encabezadas por Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos, le regalaron a Leopoldo II todo el Congo, un inmenso territorio de más de un millón de millas cuadradas, es decir, unas 80 veces el tamaño de Bélgica, para que “abriera ese territorio al comercio, aboliera la esclavitud y cristianizara a los salvajes”. No había un solo africano presente en aquel Congreso y no hay un solo indicio de que alguien en Europa o Estados Unidos se preguntara siquiera si era aceptable que la suerte de ese inmenso país fuera decidida de este modo, por 14 naciones advenedizas, sin que un solo congolés hubiera sido consultado.

Seguro de lo que iba a ocurrir en el Congreso de Berlín, Leopoldo II ya se había adelantado, desde un año antes, a operar en el territorio que de la noche a la mañana lo convirtió en el amo de un formidable imperio. Para ello había contratado al célebre explorador galés-norteamericano Henry Morton Stanley, el primer europeo en recorrer los varios miles de kilómetros del río Congo. En una expedición que es una mezcla de grotesca pantomima cínica y proeza etnológica y geográfica, entre 1884 y 1885, los expedicionarios enviados por Leopoldo II recorrieron buena parte del Alto y Medio Congo repartiendo cuentecillas de vidrios de colores y retazos de tela en 450 aldeas y villorrios africanos y haciendo “firmar” contratos -los llamaban “tratados”- en los que los caciques y jefes indígenas, que no tenían idea de lo que firmaban, cedían la propiedad de sus tierras a la Asociación Internacional del Congo, se comprometían a dar hombres para que trabajaran en las obras públicas que aquella institución emprendiera, cargadores para transportar los bultos y materiales, a proveerla de brazos para la recolección del caucho y a alimentar a los peones, funcionarios y soldados y policías que vinieran a instalarse en sus dominios. Cuando las grandes potencias le entregaron el Congo, Leopoldo II ya tenía en sus manos 450 “tratados” en los que los congoleses legitimaban mediante sus firmas aquella donación y le entregaban sus vidas y haciendas.

A diferencia de otras colonizaciones, en que los invadidos resistieron de alguna forma al colonizador, en el Congo prácticamente no hubo resistencia. Los congoleses no tuvieron tiempo ni posibilidades de resistir a un sistema que cayó sobre ellos -una miríada de culturas y pueblos desconectados entre sí- como una malla inflexible en la que perdieron, desde el principio, toda libertad de iniciativa y movimiento, y en el que fueron sometidos a una explotación inicua, las 24 horas del día, hasta su extinción. Los castigos, para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido de látex, eran brutales. Iban desde los chicotazos y las mutilaciones de manos y pies hasta el exterminio de aldeas enteras, cuando se producían fugas o aquellas comunidades no cumplían con la obligación de alimentar a sus verdugos como éstos esperaban. Hace un año que leo testimonios diversos de misioneros, viajeros, aventureros o de los propios colonos y todavía no me cabe en la cabeza que fuera posible una monstruosidad tan atroz, un genocidio en cámara lenta semejante, sin que el mundo llamado civilizado se diera por enterado. Cuando aparecen las primeras denuncias en Europa, por boca de pastores bautistas norteamericanos, hay una incredulidad general. Y los plumíferos alquilados por Leopoldo II actúan de inmediato en la prensa hundiendo en la ignominia a aquellos denunciantes y llevándolos ante los tribunales por calumnias.

Durante un cuarto de siglo, por lo menos, el Congo fue desangrado, esquilmado y destruido: un horror sólo comparable al Holocausto. Pero, a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II, al que muchos europeos, no sólo belgas, todavía recuerdan con nostalgia, como un estadista que, venciendo las limitaciones que la historia y la geografía impusieron a su país, hizo de Bélgica un país imperial. La verdad es que detrás de la behetría y las violencias en que se debate todavía ese desdichado país se delinea la mortífera sombra de ese emperador que conquistó el Congo sin disparar un solo tiro y consiguió en menos de 20 años aniquilar a por lo menos 10 millones de sus súbditos africanos.

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EL GENOCIDIO CONTINÚA

EL PRESENTE

Domingo 20 de octubre del 2013 | 11:54

Congo: el país maldito por su riqueza

http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/congo-pais-maldito-su-riqueza-noticia-1647313

El conflicto más sangriento del mundo desde la Segunda Guerra Mundial deja más de 5 millones de muertos en un país destrozado y pobre

DAN SNOW
Historiador. Especial para la BBC
El conflicto más sangriento del mundo desde la Segunda Guerra Mundial sigue retumbando.

Una guerra en la que más de cinco millones de personas han muerto, millones más quedado al borde de la inanición y víctimas de enfermedades y en la que millones de mujeres y niñas han sido violadas.

La Segunda Guerra del Congo, llamada también Gran Guerra de África, que ha succionado soldados y civiles de nueve países e innumerables grupos rebeldes armados, se ha peleado casi enteramente dentro de las fronteras de este desafortunado país.

Es un lugar aparentemente bendecido con toda clase de minerales, pero siempre queda abajo en el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas, pues hasta los más afortunados viven en pobreza extrema.

La República Democrática del Congo es potencialmente uno de los países más ricos de la Tierra, pero el colonialismo, la esclavitud y la corrupción lo condenaron a ser uno de los más pobres.

Allí estuve este verano para descubrir en el pasado de este país qué lo llevó a semejante violencia y anarquía.

DEL IMPERIO A LA ESCLAVITUD

Recorrer el abusivo pasado del Congo mientras viajaba por su presente desgarrado por la guerra, fue la experiencia más perturbadora de mi carrera.

Conocí a víctimas de violaciones, rebeldes, políticos inflados y ciudadanos asustados en un país que dejó de funcionar: gente que lucha por sobrevivir en un lugar maldito por un pasado que desafía la descripción, una historia que no los libera de su apretón mortal.

El presente apocalíptico de Congo es producto directo de decisiones y acciones tomadas en los últimos cinco siglos.

A fines del siglo XV, un imperio conocido como el Reino del Congo dominaba la porción occidental del país y pedazos de otros estados modernos como Angola.

Era sofisticado, tenía su propia aristocracia y una impresionante administración pública.

Cuando los mercaderes portugueses llegaron en la década de 1480, se dieron cuenta que era una tierra de una inmensa riqueza natural, rica en recursos, particularmente en carne humana.

Congo era una fuente aparentemente inagotable de esclavos fuertes y resistentes a enfermedades. Los portugueses descubrieron rápidamente que esa “mercancía” sería más fácil de explotar si el interior del continente permanecía en la anarquía.

Hicieron lo posible por destruir cualquier fuerza política indígena capaz de cercenar sus intereses esclavistas o mercantiles.

Enviaron dinero y armas modernas a rebeldes, derrotaron a ejércitos congoleses, asesinaron reyes, masacraron élites y estimularon la secesión.

Para los años 1600, el otrora poderoso reino se había desintegrado en una anarquía acéfala de miniestados atrapados en guerras civiles endémicas. Los esclavos, víctimas de estos conflictos, huían a la costa y desde donde se los llevaban a América.

Unas cuatro millones de personas fueron embarcadas a la fuerza en la desembocadura del río Congo. Los buques ingleses estaban en el centro de este comercio. Las ciudades y los mercaderes británicos se hicieron ricos gracias a los recursos que los congoleses jamás verían.

Este primer encuentro con los europeos marcó el resto de la historia de Congo.

Explotación rapaz

El desarrollo ha sido sofocado, el gobierno ha sido débil y el estado de derecho, inexistente. Eso no se debe a una falla innata de los congoleses. A los poderosos les convenía destruir, suprimir e impedir cualquier gobierno fuerte, estable y legítimo.

Eso interferiría como han amenazado los congoleses en algunas ocasiones con la fácil extracción de los recursos nacionales. Congo vive bajo la maldición de su riqueza natural.

Es un país enorme, del tamaño de Europa occidental.

El agua interminable del segundo río más largo del mundo, el Congo, un clima benigno y un suelo rico y fértil, debajo del que hay abundantes depósitos de cobre, oro, diamantes, cobalto, uranio, coltán y petróleo, para mencionar sólo algunos de los minerales que deberían hacerlo uno de los países más ricos del mundo.

En cambio, es uno de los más desahuciados.

Al interior de Congo llegó a fines del siglo XIX un explorador nacido en Reino Unido, Henry Morton Stanley, cuyo sueño era establecer asociaciones de libre comercio con las comunidades que iba conociendo. Pero estos fueron destrozados por el infame rey de Bélgica, Leopoldo, quien creó un vasto imperio privado.

El suministro más grande de caucho fue encontrado justo cuando se había vuelto una materia prima indispensable en Occidente, en virtud de las llantas de bicicletas y autos, así como el aislamiento eléctrico.

La locura por las bicicletas en la Inglaterra victoriana fue facilitada por el caucho congolés recogido por los esclavos.

Hombres congoleses eran acorralados por la brutal fuerza de seguridad belga, sus esposas internadas como garantía y maltratadas durante su cautiverio. Los hombres eran forzados a la selva a cosechar el caucho.

La desobediencia o resistencia era castigada inmediatamente con azotes, amputación de manos y muerte. Millones perecieron.

Los líderes tribales capaces de resistir eran asesinados, la sociedad fue diezmada y se les negaba la educación.

Se creó un régimen rapaz y bárbaro de una élite belga sin el mínimo interés en desarrollar el país o su población… y ha perdurado.

Supuestamente para acabar con la brutalidad, Bélgica se anexó el Congo, pero los problemas en su excolonia persistieron.

La minería floreció, los trabajadores sufrían en condiciones deplorables, produciendo los materiales que alimentaron la producción industrial en Europe y Estados Unidos.

En la Primera Guerra Mundial, los hombres dieron la vida, pero fueron los minerales de Congo fueron los que los mataron.

Las cubiertas de bronce de los proyectiles aliados disparados en Passchendaele y Somme eran 75% de cobre congolés.

En la Segunda Guerra Mundial, el uranio de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki provenía de una mina en el sureste de Congo.

Las libertades occidentales eran defendidas con recursos de Congo, mientras a los negros congoleses se les negaba el derecho al voto, a formar sindicatos o asociaciones políticas. Se les negaba todo, más allá de una educación básica.

Se les mantenía en un nivel infantil de desarrollo que convenía a gobernantes y dueños de minas, pero garantizaba que cuando llegara la independencia no hubiera una élite nativa que condujera al país.

Por eso la independencia en 1960 fue predeciblemente desastrosa.

INDEPENDENCIA, MOBUTU Y KABILA

Fragmentos del inmenso país intentaron separarse inmediatamente, el ejército se amotinó contra sus oficiales belgas y en pocas semanas la élite belga que gobernaba evacuó el estado, dejando a nadie con capacidad para manejar el gobierno o la economía.

De 5.000 empleos gubernamentales antes de la independencia, apenas tres eran de congoleses y no había ningún abogado, doctor, economista o ingeniero congolés.

El caos amenazaba con apoderarse de la región. Las superpotencias de la Guerra Fría entraron para disputarse el terreno.

Atrapado entre estas rivalidades, el líder congoleño Patrice Lumumba fue horriblemente golpeado y ejecutado por rebeldes con apoyo occidental. Un hombre fuerte del ejército, Joseph-Desire Mobutu, que fue sargento de la policía colonial, se hizo cargo.

Mobutu se convirtió en tirano. En 1972 se cambió el nombre a Mobutu Sese Seko Nkuku Ngbendu Wa Za Banga, que significa “el guerrero todopoderoso que, gracias a su resistencia e inflexible voluntad para ganar, va de conquista a conquista, dejando un rastro de fuego”.

Occidente lo toleró mientras los minerales fluyeran y Congo se mantuviera fuera de la órbita soviética.

Él, su familia y amigos desangraron al país de millones de dólares, construyeron un palacio de US$100 millones en la selva más remota de Gbadolite, una larguísima pista de aterrizaje a su lado, diseñada para el Concorde, que era fletado para ir de compras a París.

Los disidentes eran torturados o comprados, los ministros robaban presupuestos enteros, el gobierno era atrofiado. Occidente le permitía a su gobierno que pidiera millones de dólares prestados, que luego eran robados. Hoy es Congo el que debe pagar la cuenta.

En 1997, una alianza de países vecinos, encabezada por Ruanda furiosa porque Congo le daba refugio a muchos de los responsables del genocidio de 1994 invadió para deshacerse de Mobutu.

Un exiliado congoleño, Laurent Kabila, fue reclutado en África oriental para actuar como líder. El ejército de Mobutu, sin dinero, implosionó. Sus líderes, compinches incompetentes del presidente, abandonaron a sus hombres en una alocada carrera para escapar.

Mobutu salió una vez más de su Versalles selvático, en su avión cargado de objetos valiosos, mientras sus propios soldados le disparaban.

Ruanda había conquistado a su inmenso vecino con una facilidad espectacular. Sin embargo, una vez instalado, Kabila, el títere de Ruanda, se negó a cumplir órdenes.

Ruanda volvió a invadir, pero esta vez fue detenida por sus antiguos aliados que se pelearon entre ellos y arrastraron a Congo a una guerra terrible.

CAOS INTERMINABLE

Ejércitos extranjeros se enfrentaron en lo profundo de Congo mientras el frágil estado colapsaba totalmente y la anarquía reinaba.

Cientos de grupos armados cometieron atrocidades, millones murieron.

Las diferencias étnicas y lingüísticas atizaban la ferocidad de la violencia, mientras el control de la impresionante riqueza natural de Congo añadía una terrible urgencia a la lucha.

Niños soldados reclutados a la fuerza acorralaban ejércitos de esclavos para que extrajeran minerales como coltán, componente clave de teléfonos celulares, la última obsesión del mundo desarrollado, mientras aniquilaban a comunidades enemigas, violando a las mujeres y forzando a los sobrevivientes hacia la jungla donde morían de inanición y enfermedades.

Una paz profundamente fallida y parcial fue fabricada hace una década. En el este de Congo, hay una nueva guerra, una compleja red de rivalidades internas e internacionales con grupos rebeldes enfrentados al ejército y la ONU, mientras pequeñas milicias comunitarias contribuyen a la inestabilidad general.

El país ha colapsado, las carreteras ya no unen a las principales ciudades, el cuidado de la salud depende de la ayuda y la caridad. El nuevo régimen es tan miserable como sus predecesores.

Me subí a uno de esos trenes cargados de cobre que van directamente de minas de propiedad extranjera a la frontera y de ahí al Lejano Oriente, cruzando por barrios marginales de congoleños desplazados y empobrecidos.

Los portugueses, los belgas, Mobutu y el actual gobierno asfixiaron deliberadamente el desarrollo de un Estado, ejército, poder judicial y sistema educativo fuertes, porque interfiere con su misión primaria: hacer dinero de lo que hay bajo la tierra.

Los millones de dolares que esos minerales generan no han llevado más que miseria y muerte a la gente que vive encima, mientras se enriquecía una élite microscópica en Congo y sus patrocinadores extranjeros, y sustentando nuestra revolución tecnológica en el mundo desarrollado.

Congo es una tierra lejana, aunque nuestras historias están íntimamente entrelazadas. Hemos prosperado gracias a una relación asimétrica, pero estamos totalmente ciegos a ella. El precio de esa miopía ha sido el sufrimiento humano a una escala inimaginable.

Más en BBC MUNDO http://www.bbc.co.uk/mundo/

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GENOCIDIO EN EL CONGO

http://www.eldiariointernacional.com/spip.php?article834

Por: Keith Harmon Snow.

Domingo 17 de diciembre de 2006

Hasta siete millones de personas han muerto en el Congo desde 1996 a consecuencia de las invasiones y guerras patrocinadas por las corporaciones que desean controlar su riqueza minera, en particular los metales coltan y niobio, utilizados en la producción de teléfonos celulares y electrónica de alta tecnología.

Además del cobalto, esencial para las industrias nuclear, química, aerospacial y de armas, sin dejar de lado a los tradicionales diamantes, estaño, cobre y oro. La desgracia más abandonada del mundo, según el Coordinador de Emergencias de la ONU, es la tragedia continua que vive el Congo desde 1996. Desde entonces han muerto 6 a 7 millones de seres humanos a consecuencia de las invasiones y guerras patrocinadas por los poderes corporativos occidentales que pretenden controlar la riqueza minera de la región.

El motivo oculto del genocidio es el dominio de los recursos naturales que buscan las corporaciones estadounidenses ávidas de los significativos minerales ’raros’ coltan y niobio, indispensables en la producción de teléfonos celulares y otros ingenios electrónicos de alta tecnología; además del cobalto, un elemento esencial para las industrias nuclear, química, aerospacial y la industrias de las armas, todo esto sin dejar de lado los recursos naturales más tradicionales, como diamantes, estaño, cobre y oro.

El coltan, abreviatura de colombio-tantalio, se encuentra en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años, como aquéllos de la región del Valle de la Hendidura de Africa. El tantalio, que se obtiene entre la mena del coltan, se usa para hacer condensadores diminutos esenciales para el manejo del flujo eléctrico de los artificios electrónicos. El 80% de las reservas de coltan de todo el planeta se hallan en la República Democrática de Congo (RDC). El niobio es otro mineral con una historia similar utilizado en alta tecnología.

Una historia sucia

El periodista que utiliza el seudónimo Sprocket informó en el Earth First! Journal que el “boom” de la alta tecnología (high-tech boom) de los años 90 hizo subir el precio del coltan empleado en los rockets aéreos a unos 300 dólares por libra (454 gramos). En 1996, EEUU patrocinó una invasión de fuerzas militares de Ruanda y Uganda que ingresaron por el oriente de la RDC. Hacia 1998 tomaron el control y ocuparon las áreas mineras estratégicas. Muy pronto, el ejército ruandés comenzó a hacerse de más de 20 millones de dólares al mes con la minería del coltan. Aunque el precio del metal ha caído, Ruanda mantiene su monopolio de la explotación y comercio del metal de la RDC. Existe una lluvia de informes sobre desenfrenados abusos de los derechos humanos en esa región minera.

El coltan sale de las minas a puestos comerciales clave, donde lo adquieren mercaderes extranjeros que lo envían al exterior, principalmente a través de Ruanda. Las empresas con capacidad tecnológica suficiente convierten al coltan en el codiciado tantalio en polvo y luego venden esa pólvora mágica a Nokia, Motorola, Compaq, Sony Ericsson y a otros fabricantes que lo utilizan en teléfonos celulares y otros ingenios ’hig tech’.

El reportaje de Keith Harmon Snow, en Z Magazine, puso énfasis en que cualquier análisis geopolítico del Congo y de las razones por las que el pueblo congoleño viene sufriendo una guerra casi inacabable desde 1996, requiere una comprensión del crimen organizado perpetrado a través de los negocios multinacionales. La tragedia del conflicto de Congo se ha solidificado con las inversiones de las corporaciones, sus ejércitos tutelados y los cuerpos supra-gubernamentales que los apoyan.

El proceso está amarrado en todos los niveles por las más grandes corporaciones, que incluyen a Cabot Corp. y OM Group, de EEUU; a HC Starck, de Alemania; y a Nigncxia, de China. Todas éstas tienen vínculos con el Panel de Expertos de Naciones Unidas para las atrocidades en la RDC. Las redes criminales preparadas y mantenidas por las grandes compañías multinacionales practican rutinariamente la extorsión, el soborno, la violación y atroces matanzas. Mientras las corporaciones occidentales obtienen tasas de beneficio sin precedentes con la minería del Congo -hasta 6 millones de dólares en cobalto crudo salen a diario de la RDC-, raramente se menciona a estas compañías mineras en los informes sobre derechos humanos.

Quién es quién en el negocio

El trabajo firmado por Sprocket menciona que Sam Bodman, ejecutivo máximo de Cabot durante el boom del coltan, fue llamado por el Presidente Bush en diciembre de 2004 para desempeñarse como Secretario de Energía. Bajo la dirección de Bodman, de 1987 a 2000, Cabot fue uno de los más grandes contaminadores de EEUU, lanzando 60.000 toneladas anuales de emisiones tóxicas transportadas por el aire. Keith Harmon Snow, también del Z Magazine, añadió que Nicole Seligman, la actual vicepresidenta ejecutiva y consejera general de Sony, fue anteriormente consejera legal de Bill Clinton. Muchos que alcanzaron posiciones de poder en la administración Clinton pasaron a ocupar altos puestos en Sony Corporation.

El artículo “Behind the Numbers” (Detrás de los Números), firmado por Snow y David Barouski, detalla un tejido de corrupción estadounidense y variados conflictos de interés entre corporaciones mineras como Barrick Gold y el gobierno de EEUU bajo George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. En el juego participan, además, distribuidores norteamericanos de armas como Simax y las compañías que fabrican material de guerra para el Pentágono, eufemísticamente llamadas “proveedores de Defensa”, como Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel.

También participan las organizaciones seudo “humanitarias” como CARE, que es financiada por Lockheed Martin; el Comité de Rescate Internacional (International Rescue Committe), que tiene a Henry Kissinger en su consejo de inspectores; “Conservation”, cuyos intereses mantienen la vanguardia en la penetración occidental en Africa Central; y, claro, las empresas de relaciones públicas y grandes medios de comunicación de circulación nacional [en EE.UU.] como The New York Times.

Sprocket cerró su artículo señalando que no es sorprendente que esta información no esté incluida en la literatura y en los manuales que vienen con sus teléfonos celulares, computadoras o joyería de diamante. Quizás -sugiere Sprocket- los teléfonos móviles deberían traer pegatinas que dijeran: “¡Advertencia!: Este artificio se creó con materiales crudos de Africa central, minerales raros, no renovables, vendidos para consolidar una guerra sangrienta de ocupación que, además, ha causado la eliminación virtual de especies expuestas al peligro. Que tenga un buen día”.

La gente necesita comprender -afirma Sprocket- que existe un eslabón directo entre los aparatos que hacen más cómodas y sofisticadas nuestras vidas y la realidad de la violencia, tumulto y destrucción que plaga nuestro mundo.

Actualización de Sprocket

Hay grandes fortunas que se han hecho fabricando electrónica de alta tecnología, vendida a conveniencia para que la disfruten los consumidores estadounidenses, pero ¿a qué costo?

Los conflictos en Africa se amortajan a menudo con la desinformación, mientras a EEUU y a otros intereses occidentales rutinariamente se les baja el perfil o simplemente se omiten en los grandes medios de comunicación corporativos. El 5 de junio de 2006, la historia de tapa de la revista Time titulada “Congo: El Peaje Oculto de la Guerra más Mortal del Mundo” no fue ninguna excepción.

Aunque el artículo mencionó brevemente al coltan y su uso en los teléfonos celulares y en otros artilugios electrónicos, no se hizo ninguna mención sobre el papel gravitante de ésta y otras materias primas abundantes en la región en que se libra el conflicto. La historia periodística pintó la guerra continua como una tragedia lastimosa y horrible, omitiendo el rol de las corporaciones y de los gobiernos extranjeros que han creado el armazón de la violencia y a aquéllos que obtienen del conflicto muy buenos resultados para sus intereses financieros y políticos.

En un artículo escrito por Johann Hari y publicado por The Hamilton Spectator el 13 de mayo de 2006, los medios de comunicación corporativos dieron un paso en dirección a la verdadera razón de la tremenda contabilidad de cadáveres que continúan amontonándose en la República Democrática del Congo: “El único cambio a través de las décadas ha sido los recursos naturales cogidos para el consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y hoy día, coltan y casterita”.

Lo más perturbador de todo esto en los medios de comunicación corporativos es que pasan totalmente por alto los efectos de este conflicto que llevaron a la población nativa a una vida no-humana. Incluso, otorgándole un alto perfil al mantenimiento del equilibrio de las especies en peligro, como el gorila de las tierras bajas orientales, casi conducido a la extinción por la cacería, raramente se considera la pérdida del hábitat de los lugareños desplazados de sus aldeas por las facciones belicosas, ni tampoco el ángulo medioambiental de la historia.

El próximo paso, una vez entendida la explotación y la violencia introducida entre los habitantes de Africa central, es responsabilizar a corporaciones como Sony y Motorola de alimentar con el hambre los juguetes de alta tecnología que consume EEUU. Estas corporaciones no desean movimientos de protesta que empañen sus reputación. Y sobre todo, tampoco desean llamar la atención hacia el coltan que mata a los gorilas, ni sobre las guerrillas que subvenciona.

Es hora de que nuestra cultura comience a otorgarle más valor a los seres vivientes, sean gorilas o humanos, que están presentes en nuestros juguetes habituales de alta tecnología, como los teléfonos celulares. Es hora de exigirle una existencia más compasiva a la plutocracia corporativa que crea mercados destructivos y al sistema de medios de comunicación que ha fabricado nuestro consentimiento.

No se trata de cuestionar el uso de los teléfonos celulares (aunque ésa sería una gran salida). Lo que debemos cuestionar es la apropiación de nuestro planeta por un modelo que consume los recursos, en vez de respetar la vida de los hogares y las comunidades.

Actualización de Keith Harmon Snow

La guerra por el control de la República Democrática de Congo -que debe ser el país más rico de todo el globo- comenzó en Uganda en los años 80, cuando el actual presidente ugandés Yoweri Museveni asaltó a su estilo el poder con el apoyo del Palacio de Buckingham y la Casa Blanca y hasta Tel Aviv detrás suyo.

Paul Kagame, quien ahora es el presidente de Ruanda, sirvió como Director de Inteligencia Militar de Yoweri Museveni, después recibió instrucción y entrenamiento en Fuerte Leavenworth, Kansas, poco antes que el Frente Patriótico Ruandés (FPR) invadiera Ruanda con el respaldo de Roger Winter (5) y del Comité de EEUU para los Refugiados, entre otros. El FPR desestabilizó entonces a Ruanda y tomó el control con un golpe de estado que hoy se entiende mal como “el Genocidio de Ruanda”. Lo que se jugó en Ruanda en 1994 se está jugando hoy en Darfur, Sudán, donde la meta es el cambio del régimen y “el genocidio” es la herramienta de propaganda usada para manipular y desinformar. Y precisamente allí está ahora Roger Winter, como representante de Bush (5).

En 1996, Paul Kagame y Yoweri Museveni, con el Pentágono detrás suyo, lanzaron su guerra encubierta contra Mobutu Sese Seko de Zaire y sus patrocinadores occidentales. Una década después, por lo bajo hay 6 o 7 millones de muertos y continúa la guerra en el Congo (Zaire).

Si usted está leyendo los grandes periódicos corporativos o está escuchando la National Public Radio, está usted contribuyendo a su propia enfermedad mental, no importa cuan astuto usted crea ser o piense que sabe “equilibrar” o “descifrar” los códigos. Las noticias reportadas en Time Magazine (“La guerra más mortal del mundo”, 6 de junio 2006) y en CNN (“La violación, la brutalidad ignorada para ayudar a la paz del Congo”, 26 de mayo 2006) aparecieron en momentos en que nuestro trabajo ya estaba interpretándose por personas conscientes deseosas de hallar, por fin, verdades contundentes. Sin embargo, aquellos reportes corporativos son decepcionantes perfectos ejemplos de decepcionante manipulación encubierta.

Para la exactitud y la verdad en Africa Central, las personas interesadas pueden leer a Robin Philpot (Imperialism Dies Hard: El Imperialismo Dificilmente Muere), a Wayne Madsen (Genocide and Covert Operations in Africa, 1993-1999: Genocidio y Operaciones Encubiertas en Africa, 1993-1999), Amos Wilson (The Falsification of Consciousness: La Falsificación de Conciencias), Charles Onana (The Secrets of the Rwanda Genocida -Investigation on the Mysteries of a President: Los Secretos del Genocidio de Ruanda – Investigación sobre los Misterios de un Presidente), Antoine Lokongo (http://www.congopanorama.info /), Phil Taylor (http://www.taylor-report.com /), Christopher Black (Racism, Murder and Lies in Rwanda: Racismo, Asesinato y Mentiras en Ruanda). World War 4 Report ha publicado mis informes, pero ellos son inconsistentes respecto a la exactitud, quizás por ser rápidamente adaptados como propaganda, como a veces se ha hecho.

Es posible coleccionar aquí pequeños fragmentos de verdad -que nunca se encuentran en el sistema de grandes medios- pero uno debe tener cuidado con las decepciones y prejuicios. En esta vena, el periódico de la elite de negocios Africa Confidential es a menudo muy revelador. Se pueden tamizar algunos hechos desde Africa Research Bulletin.

El libro del profesor David Gibb “The Political Economy of Third World Intervention: Case of the Congo Crises” (La Economía Política de la Tercera Intervención Mundial: El caso de las Crisis del Congo) es una excelente investigación que identifica a los jugadores hoy todavía activos (especialmente Maurice Tempelsman y sus intereses en diamantes, conectado al Partido Demócrata). Ditto King Leopold’s Ghost (Reaparece el Fantasma del Rey Leopold) por Adán Hocshchild, pero -ejemplificando los intereses de conveniencia- hay que recordar que Hocshchild nunca le dice al lector que su padre manejó una compañía minera en el Congo. Casi TODOS los reportajes son convenientes, pero uno necesita tomar precauciones para no ser engañado.

El libro del profesor Ruth Mayer ’Artificial Africas: Colonial Images in the Times of Globalization’ (Africa Artificial: Imágenes Coloniales en Tiempos de Globalización) es una articulación particularmente profunda sobre los medios y aclara por qué el sistema mediático distorsiona y manipula todo sobre Africa. Y nunca se olvide de http://www.allthingspass.com.

También, en la esperanza de corregir el registro y revelar la verdad, Forum Internacional para la Verdad y Justicia en los Grandes Lagos de Africa (http://www.veritasrwandaforum.org,) con sede en España y co-fundado por el candidato al Premio Nóbel Juan Carrero Seraleegui, está envuelto en un pleito importante para condenar los macizos crímenes contra la humanidad y actos de genocidio en que está involucrado el actual gobierno de Ruanda.

Notas: 1). Proyecto Censurado (Project Censored) es un programa a cargo del profesor de sociología Peter Phillips, de la Universidad Sonoma State de California, que desde hace 30 años emite un estudio anual sobre las 25 grandes noticias “top” ocultadas por la gran prensa de EEUU. Estas “25 historias top” sobre grandes temas sustraídos del debate periodístico ofrecen una radiografía actualizada de la sociedad estadounidense y la política exterior de EEUU, cuyo conocimiento permite comprender mejor los designios del imperio.

Keith Harmon Snow, periodista independiente, es uno de los especialistas más serios en Africa y, en particular, en el Congo, que se declara “dependiente de las donaciones individuales y las contribuciones voluntarias”. Asegura que ha vivido bajo la línea de pobreza durante una década, trabajando como activista y voluntario en organizaciones humanitarias que no generan ganancias pero cuyo apoyo le permite continuar con su importante trabajo. Ver su trabajo sobre la limpieza étnica en Etiopía, seleccionado por Proyecto Censurado 2006.

2) Sprocket es una firma de http://www.earthfirstjournal.org/

3) David Barouski, quien regresó del Congo-Kinshasa en julio 2006, es un periodista independiente y excelente fotógrafo dedicado del Africa. Sus textos y fotografías pueden verse, entre otros sitios, en http://www.zmag.org/content/showarticle.cfm?ItemID=10638 http://www.congovision.com/nouvelles/update_congowar.html http://www.thirdworldtraveler.com/Africa/Congo_BehindNumbers.html http://wordpress.com/tag/afrika/feed/ http://www.congopanorama.info/

4) Phil Taylor entrevistó a Keith Harmon Snow -la fuente principal de esta historia- en The Taylor Report (El Informe Taylor), un programa semanal de radio que cubre actualidad, política, derechos humanos y temas internacionales, transmitido por CUIT 89.5 FM en la Universidad de Toronto los lunes a las 5 pm (se repite los martes a las 9 am, ver www.ciut.fm)

(5) Roger Winter fue designado por Bush en julio de 2005 como su Representante Especial en Sudán para manejar el conflicto en Darfur, Sudán, donde los propósitos estadounidenses de cambiar al gobierno se encubren como esfuerzos contra otro “genocidio”.

Agencia IPI / Red Voltaire


Genocidios silenciosos: El Congo

http://fsalmeria.org/2009/01/29/genocidios-olvidados-el-congo/

La codicia occidental ha matado a más de 5 millones de congoleños en 10 años.

Articulo de Marta Iglesias

La República Democrática del Congo se desangra. Se calcula que desde 1998 han muerto casi cinco millones y medio de personas. No es casual que el país tenga el 80% de las reservas mundiales de coltán.

El Congo huele a sangre, enfrentamiento entre etnias, pobreza, esclavitud y sobre todo a dinero. La antigua colonia belga tiene tanta riqueza que con su explotación debería nadar en la abundancia, sin embargo lo que le sobran son guerras. En su territorio alberga en grandes cantidades cobre, cobalto, estaño, uranio, oro y diamantes, casiterita, wolframita y sobre todo coltán. De este raro mineral se extrae el tantalio, que posee una gran resistencia al calor y excelente conductividad, por lo que es imprescindible para la fabricación de nuevas tecnologías. Desde el móvil que usamos hasta las naves espaciales, pasando por los ordenadores portátiles y las videoconsolas. Todas llevan coltán. La mayor reserva de este material se encuentra en la República Democrática del Congo (RDC). Posee el 80% del coltán existente en el planeta y precisamente se encuentra en la zona en conflicto. Evidentemente, no podemos apelar a la casualidad. La cuestión que surge es directa y muy clara: ¿puede sobrevivir el mundo occidental a la escasez del coltán? La respuesta es que no. Se hundirían las multinacionales y sobrevendría un colapso económico, máxime ante la crisis global que vivimos. No es, por tanto, buen momento para que el gobierno de la RDC cambie las reglas del juego económico. De modo que, frente a los que afirman que el conflicto del Congo se debe a una rivalidad de etnias -hutus y tutsis-, son muchas las voces que señalan un conflicto económico de gran alcance que se está desarrollando en este país.

Congo democrático y acorralado

Para entender la dramática situación del Congo, debemos remontarnos hasta 1998, año en el que Ruanda y Uganda invadieron el país. Desde entonces hasta 2003 se calcula que murieron en esa ocupación cuatro millones de congoleños, ignorados por la prensa internacional y los países occidentales. Ochocientas mil personas masacradas por año en silencio, en el que se considera el conflicto con más muertos desde la Segunda Guerra Mundial. En 2003 la ONU consiguió que se firmara un acuerdo de paz y a finales de 2006 fue elegido democráticamente -en los primeros comicios libres y plurales en cuarenta años- el presidente actual, Joseph Kabila. Sus promesas fueron mantener la paz y reconstruir el país, pero tras años de cruentos enfrentamientos necesitaba dinero efectivo para reactivar Congo. Esperó ofrecimientos por parte de Estados Unidos y Europa para venderles sus materias primas, pero nadie acudió. Fue China quien le ofreció explotar los yacimientos y dar a la RDC el 30% de las ganancias. El acuerdo era mucho mejor que el anterior -las empresas occidentales le daban por lo mismo entre un 5% y un 12 %- y Kabila firmó. Desde entonces estalló el avispero y todos los actores presentes en la región se pusieron en pie de guerra. El primero de ellos Laurent Nkunda, un general rebelde congoleño de la etnia tutsi apoyado por Ruanda. José García Botía, portavoz de los Comités de Solidaridad con África Negra, sospecha que “Nkunda está agrediendo al Congo porque el Gobierno congoleño en los últimos meses ha estado negociando contratos mineros con China. Nkunda ha sido creado por Kagame -presidente de Ruanda-, que recibe el apoyo de países occidentales, como EEUU, Bélgica y Reino Unido. Por ejemplo, ahora que hay pruebas claras del apoyo de Ruanda a Nkunda y de que este guerrillero ha cometido bastantes masacres de población civil, el pasado 27 de noviembre de 2008 el Gobierno británico concedió una ayuda al Gobierno de Ruanda de 470 millones de libras. Una cantidad muy grande para un país muy pequeño. El peso de los países europeos que apoyan a Ruanda en este plan es muy importante. Además de Reino Unido tenemos a Bélgica, Holanda y ahora Francia. Y ellos divulgan que Ruanda es un país modélico en África”.

El papel de las multinacionales

Paralelamente hay muchos dedos que apuntan que son las multinacionales, con la complicidad de las potencias internacionales, las que han dado de nuevo alas al conflicto. De hecho, Naciones Unidas hizo una investigación y las conclusiones fueron que se trataba de una guerra dirigida por «ejércitos de empresas» para hacerse con los metales de la zona, acusando directamente a Anglo-América, De Beers, Standard Chartered Bank y cien corporaciones más. Todas negaron estar involucradas, mientras que sus gobiernos presionaban a la ONU para que dejaran de acusarlas. Insiste Botía “que detrás de todo ello están las multinacionales de estos países occidentales, que ven con pánico que China empiece a firmar contratos con el Gobierno Congoleño, pues su necesidad de materias primas es enorme. Así que por una parte estas multinacionales están sacando del Congo miles y miles de toneladas de minerales de muy alto valor sin pagar nada al gobierno congoleño, y financiando guerrillas por diversas partes del país para poder seguir saqueando el Congo a un coste muy bajo. Por otro, China ofrece por los minerales importantes cantidades de dinero y posee bastante liquidez, lo que supondría una importante ayuda para sacar al país de la miseria. Por último, decir que los minerales llevan catorce años saliendo por los países vecinos -principalmente por Ruanda- y están sirviendo para enriquecer a importantes grupos mafiosos que blanquean este contrabando”. En medio de todo ello, el gobierno del Congo ha recibido apoyo militar de Angola y Zimbawe, países que ya le apoyaron años atrás, y es más que seguro que desde todos los bandos se estén cometiendo atrocidades y crímenes contra la humanidad.

La codicia alimenta un genocidio silencioso

Las grandes víctimas de toda esta guerra económica que se está desarrollando en el tercer país más grande de África son, sin duda, los civiles. Cifras impresionantes que nadie sabe porqué, sólo ahora han saltado a la primera plana de los periódicos. Más de cinco millones de personas han sido masacradas desde 1998 en Congo, y desde ACNUR nos confirman que actualmente hay 1.350.000 desplazados en el interior del país: “Todavía hay mucha gente sin registrar porque se ha desplazado a zonas a las que de momento no tenemos acceso, como Province Orientale donde según las últimas estadísticas se superarían los 230.000 desplazados”. Las mujeres y niñas son sistemáticamente violadas, y empleadas como arma de guerra. Los pequeños no se salvan de tal barbarie: unos son obligados a trabajar en las minas de coltán a mucha profundidad porque son los únicos que caben en ellas; miles de ellos mueren sepultados, de hambre y de agotamiento. Se calcula que por cada kilo de coltán extraído mueren dos niños. Otros son reconvertidos en niños y niñas soldados; llegó a haber más de treinta mil reclutados y quedarán entre tres y siete mil en activo, según datos de Amnistía Internacional. Los enfrentamientos actuales han puesto de nuevo en marcha este macabro sistema que se lleva a niños de sus aldeas para participar en la guerra. Los que intentan escapar son torturados ante sus compañeros para que sirvan de ejemplo. Hambre, desnutrición, sida, malaria o tuberculosis se suman a una situación alarmante. Los agentes humanitarios se afanan en ayudar a la población. Francesca Fontanini, responsable de ACNUR en Congo, nos informa desde el terreno que “por el momento ACNUR puede realizar libremente su labor en los seis campamentos alrededor de la capital del Kivu Norte (Goma) que acogen a 135.000 personas. Desde el comienzo de la crisis, hemos suministrado ayuda y además ACNUR sigue con la construcción de un nuevo campo, Mugunga II, situado al oeste de Goma. A él trasladaremos a 65.000 desplazados internos que se encuentran atrapados en los campos de Kibati, al norte de Goma, situados a dos kilómetros de la línea de fuego entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes.

Todavía más al norte de Goma, hay varios campamentos para desplazados y aldeas que han sido saqueadas e incendiadas, y de las que la gente tuvo que huir hacia los bosques u otros campos y pueblos. Estas personas necesitan con urgencia recibir ayuda humanitaria. Por otro lado, el corredor humanitario establecido para poder visitar e identificar a estas personas -cuya apertura contó con la autorización de los rebeldes-, no está funcionando correctamente, para gran frustración de los actores humanitarios”. Como respuesta, se enviaron 17.000 cascos azules a la zona. La MONUC -es así como se conoce a esta misión de la ONU en el Congo- es la fuerza de paz más numerosa desplegada y se va a ampliar próximamente con la llegada de 3.000 cascos azules más. Sin embargo, no han podido defender a la población de los ataques de uno y otro bando. Incluso la población civil congoleña ha hecho llegar sus quejas a los Comités con el África Negra: “son numerosas las manifestaciones de la población congoleña contra los cascos azules, denunciando no sólo que no les defienden de Nkunda, sino que además les han visto transfiriendo armamento y víveres a las tropas de Nkunda y dándole apoyo logístico -por ejemplo, dejándole usar vehículos y helicópteros-”. Francesca Fontanini nos informa de que “los hechos han demostrado que los acuerdos se han convertido en papel mojado. Los rebeldes de Nkunda se enfrentan tanto a los soldados de la RDC como a otros grupos rebeldes nacionales y extranjeros presentes en el territorio. Sin embargo, tanto los rebeldes como los soldados de Kinshasa han cometido excesos y abusos. Según la ONU, soldados gubernamentales llevaron a cabo pillajes, violaciones, y muertes en Goma y los rebeldes han cometido expropiaciones forzosas en campos de desplazados cercanos a la ciudad de Rutshuru. La MONUC desempeña un papel muy importante y tiene el mandato de proteger a los civiles, pero hay ciertos límites. La ONU no puede ponerse de parte de ninguno de los grupos beligerantes”.

Soluciones pendientes de paz

Visto el resultado, la militarización no es la solución, así que son muchos los que se han puesto manos a la obra para buscar alternativas. Se tiene constancia de que el odio entre hutus y tutsis no existía hasta la llegada del presidente ruandés Kagame, que creó estas rencillas para abonar su golpe de estado en 1994. Hay que acabar cuanto antes con él para que no sea manipulado desde intereses económicos y políticos en la retaguardia. Para ello un grupo de asociaciones -en las que participan hutus, tutsis y congoleños-, reunidas bajo el Foro para la Verdad y la Justicia en el África de los Grandes Lagos llevan a cabo dos iniciativas: un foro de diálogo entre las diferentes etnias para iniciar un proceso de búsqueda de soluciones empleando la palabra y no la violencia; y también han interpuesto una querella criminal en la Audiencia Nacional española acusando de genocidio y crímenes contra la humanidad a la cúpula militar ruandesa. Para ello se basan en el asesinato de nuevo cooperantes españoles que fueron testigos de diversas masacres. Los Comités de Solidaridad con África Negra participan en el proceso y dan más soluciones por boca de Botía: “Lo primero e imprescindible es que se sepa la Verdad de cuanto allí sucede.

Hasta que no sea pública no acabará el ciclo de violencia. La postura del gobierno congoleño nos parece razonable, su país tiene materias primas suficientes como para abastecer a chinos, europeos y americanos. Habría que cambiar las reglas del juego para que las riquezas del Congo dejen de salir por las mafias internacionales y salgan por mecanismos legales. Hay un gran peligro en cómo se hacen las cosas ahora, porque están muriendo millones de inocentes. Si realmente las mayores reservas están en el este del Congo y desde 1998 todo este coltán sale sólo por Ruanda, hay un problema: han dejado el monopolio de un mineral estratégico como el coltán en manos de Kagame y grupos mafiosos. Si esto fuera así, explicaría por qué la voluntad del presidente de un país tan pequeño como Ruanda, sin recursos propios de valor, tiene tanto poder en los dirigentes europeos. ‘Kagame es intocable’, nos han llegado a decir altos mandos de la política exterior francesa. Pero, claro, no dicen por qué”. La relación de esta guerra con nuestro consumismo tecnológico es directamente proporcional: las fechas del auge de ventas de teléfonos móviles coinciden con aquellas en las que ha habido más muertos en Congo. Esta vez no podemos lavarnos las manos, miles de muertos nos señalan directamente. Empecemos por dar a conocer la verdad.

Rompe el silencio cómplice de los medios de comunicación sobre el genocidio de El Congo:

Para difundir este artículo, envía este vínculo a las direcciones de tu agenda de correo electrónico: http://fsalmeria.org/2009/01/29/genocidios-olvidados-el-congo/

2 comments to Els genocidis oblidats del Congo. Diversos autors i artícles

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